En el nuevo colegio de Dani, el acoso sobrevive gracias a quienes miran y callan
Las zapatillas gastadas y el barrio bastan para que el grupo popular del colegio se burle de Dani mientras los que observan no hacen nada.

La historia
Dani se ha cambiado a un nuevo colegio que parece más una prisión de menores de edad: niños gritando, corriendo, cuchicheando, mirando con miedo, llorando. Es como si hubiera bajado al infierno infantil de Dante.
No conoce a nadie y no sabe qué esperar. Su papá deja a Dani con la directora, y ella les dice que no se preocupen, que se encargará de presentar a Dani ante su salón.
La directora se va con Dani a su oficina para sacar unos papeles y hace sonar el timbre para que comiencen las clases. Con los papeles en la mano, le muestra un poco el colegio. Muy importante: le dice dónde están los baños y cuáles son los horarios. Dani sabe que no se acordará. También le enseña su salón.
La directora toca la puerta y presenta a Dani a todos con muy buenas intenciones, pero Dani siente las miradas juzgadoras y rajonas. Sabe que sus zapatillas están muy gastadas y sucias, y que las rodillas de su pantalón tienen huecos.
El profesor le agradece a la directora e invita a Dani al frente para que se presente ante todos. Va preguntando como en un interrogatorio: ¿cuáles son tus nombres completos?, ¿cuándo es tu cumple?, ¿dónde vives? Tiene que responder también esto último. Si antes juzgaban su apariencia, ahora también juzgarán su procedencia.
Cuando se pone adelante ya siente calor, pero conforme responde las preguntas se hace insoportable y comienza a sudar como si hubiera corrido una maratón. En peor situación no podría estar. Su camisa está empapada y su pantalón por dentro es un mar; al menos es por dentro, y espera que no se note tanto. Luego de esta suerte de juicio, pasa a sentarse en la zona posterior del salón, así que tiene que cruzarlo otra vez, sintiendo todas las miradas recorrerle de arriba abajo, como para confirmar sus sospechas.
Ha pasado ya un mes desde su llegada al nuevo colegio. Sus padres lo eligieron con todas las buenas intenciones de mejorar sus oportunidades en la vida, y por sus excelentes contactos. Pero Dani siente que cada día es peor. No duerme bien, pensando que al día siguiente se verá con el grupo de Alejandro, que se burla diciendo que no se baña desde que, el primer día, Alejandro se sentó a su costado y vio el asiento lleno de sudor. No hay día en que pare con sus chistes clasistas sobre sus zapatillas y el barrio donde vive, que buscan humillar a Dani. Todos se ríen, aunque muchos fingen reírse para estar bien con el grupo de Alejandro, popular porque siempre lleva ropa nueva que marca tendencia, porque vive en buenos barrios o porque es el grupo “cool”, como le dicen al grupo bacán. Con pocas horas de sueño, Dani no puede prestar mucha atención en clase. A veces se duerme.
Hoy ha sido un día caluroso y donde se sienta no llega bien el aire acondicionado. La clase de Matemática está muy pesada, pero felizmente ya va a acabar. Ya suficiente tiene con el problema de su vida en el colegio: no ve variables que pueda cambiar para resolverlo.
A la hora del recreo salen, y en el patio el grupo de Alejandro espera a Dani cerca de la salida. No hay forma de evitarlos si va al baño, así que intenta pasar rápido, pero apenas está entre ellos, se juntan y le hacen un “apanado” (una golpiza en grupo) con patadas y escupitajos. Los que están por ahí se ríen, excepto Damián, que corre hacia el grupo y saca a Dani de ahí, recibiendo también los golpes y los escupitajos. Encara a Alejandro y le dice que es un abusivo y que ya es suficiente. Dani le agradece, va hacia el baño y se cae.
Se despierta. Fue un sueño. Sabe que afuera estará el grupo y que seguirán con lo suyo. ¿Podrá contar con que Damián salga en su defensa? ¿Cuántos estudiantes más estarán sufriendo lo mismo? ¿Qué harías tú si fueras Damián u otro testigo de este acoso?
Noticias principales
- En un bus del Liceo Naval, un estudiante de 16 años fue presuntamente agredido sexualmente por seis compañeros, y ni los adultos ni los demás escolares intervinieron. Ocurrió el 15 de septiembre, en el traslado de regreso de un campeonato de fulbito de salón (futsal) entre colegios, en el tramo entre Surco y San Borja, en Lima. Según los testimonios que recoge El Comercio, en el bus iban 12 escolares y tres adultos —dos docentes y el chofer—, que “no intervinieron antes, durante y después del ataque”. Un juzgado de familia dispuso el internamiento de los seis adolescentes señalados, y la Marina de Guerra separó a la directora, a un docente y al entrenador, según la cronología de Infobae. El Ministerio de Educación (Minedu) asumió la conducción del colegio hasta el 31 de diciembre de 2027 mediante el Decreto Supremo N.° 016-2026-MINEDU, como informa La República. Las tres son notas periodísticas que reconstruyen el caso a partir de testimonios de estudiantes, de la familia y de comunicados oficiales: la investigación fiscal sigue abierta y los hechos todavía no han sido establecidos por un juez.
- Madres y una profesora del mismo colegio dicen que la agresión no fue un hecho aislado: hablan de bullying y discriminación que venían de antes. “Hay mucha discriminación. O sea, hasta por tu color, por tu apellido, por los galones”, dijo una madre a Infobae. Una profesora con cerca de 18 años en el colegio contó a La República que presentó varias denuncias por bullying y que se quedaban “a medio camino” sin que se tomaran medidas, y que por alzar la voz recibió represalias. Son declaraciones de parte, recogidas en medio de la indignación por el caso; la nota no incluye la respuesta del colegio a esas acusaciones puntuales.
- En Arequipa, un escolar de 16 años cambió de colegio para huir del acoso, y sus agresores lo siguieron. Su madre denunció que el hostigamiento empezó en el colegio San Jerónimo, que avisó a la coordinación y que no hubo una respuesta eficaz. La familia lo cambió de colegio, pero sus antiguos compañeros ubicaron el nuevo y siguieron difamándolo. El 25 de agosto, en una fiesta de quince años, uno de ellos lo hirió en la cara con un vaso. Lo reportan Infobae y Radio Yaraví, emisora arequipeña: las dos notas se basan sobre todo en el testimonio de la madre y ni siquiera coinciden en cuánto duró el acoso —Infobae dice que desde marzo; Radio Yaraví, que cerca de dos años—. El Arzobispado de Arequipa, del que depende el colegio, abrió una investigación, y la Fiscalía de Familia también investiga.
- La violencia entre escolares reportada en el país llegó a su nivel más alto en ocho meses desde que existe el registro. Entre enero y agosto de 2026, SíseVe (la plataforma del Minedu para reportar violencia escolar) recibió 11,805 reportes: 5,187 de violencia física, 4,559 de violencia psicológica —donde entran el acoso, la humillación y la discriminación— y 2,059 de violencia sexual, según El Peruano, diario oficial del Estado. De ese total, 8,156 son de violencia entre estudiantes, 18.5% más que en el mismo periodo de 2025, detalla Infobae. Arequipa es la segunda región con más reportes (730), después de Lima Metropolitana (4,072). Son reportes, no casos comprobados: los hace cualquier estudiante, familia o docente, y cada uno debe investigarse. Por eso una subida puede significar más violencia, más gente que se anima a denunciar, o las dos cosas.
Conectando los puntos
La pesadilla de Dani no solo es el apanado: es también el patio lleno de gente que se ríe. El grupo de Alejandro necesita público, y el público está hecho de chicos y chicas que, como dice la historia, fingen reírse “para estar bien con el grupo”. En el bus del Liceo Naval, según los testimonios, iban 12 escolares y tres adultos, y nadie detuvo nada. En San Jerónimo, la madre avisó y el colegio no hizo lo suficiente. Tres escenarios distintos con el mismo patrón: el acoso no lo sostiene solo quien agrede, sino también quienes miran y callan.
La primera burla contra Dani no es por lo que hace, sino por sus zapatillas gastadas y por el lugar donde vive. Es lo mismo que denuncia la madre del Liceo Naval: “por tu color, por tu apellido, por los galones”. Un colegio elegido “por sus excelentes contactos” también es un lugar donde el origen de cada quien está a la vista, y el clasismo encuentra ahí en qué apoyarse. Cambiar a un hijo de colegio para darle mejores oportunidades, como hicieron los padres de Dani, o para sacarlo del acoso, como hizo la familia de Arequipa, no garantiza nada si el nuevo colegio no sabe qué hacer cuando empiezan las burlas.
Por eso importa tanto Damián, aunque por ahora solo aparezca en un sueño. Que Dani se pregunte si podrá contar con él no es ingenuo: el grupo pierde fuerza cuando alguien de afuera deja de reírse y se pone al lado de quien recibe los golpes. La última pregunta de la historia ya no es de Dani, sino de quien lee: en ese patio, en ese bus o en ese colegio, cualquier testigo puede ser un Damián. También un adulto que se entera de lo que pasa, sea docente, chofer o coordinadora.
Lo que estas noticias todavía no responden. El caso del Liceo Naval está en investigación: no sabemos todavía qué pasó exactamente en el bus, ni qué responsabilidad tendrán los adultos, y los testimonios publicados no han pasado por un juicio. Las denuncias de bullying previo en ese colegio son declaraciones de madres y de una profesora, sin la versión de la institución. SíseVe no dice cuántos de sus 11,805 reportes se confirmaron ni cuántos terminaron con una medida concreta para la víctima; tampoco permite saber cuánto acoso pasa sin que nadie lo reporte, que es justamente el que vive Dani. No pudimos verificar de forma independiente ninguna de estas cifras; son las que publican esas fuentes.
Acción final
- Si eres estudiante y ves que se burlan de alguien: no te rías para quedar bien. No hace falta que enfrentes a todo un grupo: siéntate con esa persona en el recreo, pregúntale cómo está o cuéntale a un profesor en quien confíes. Ser Damián a veces es solo dejar de ser público.
- Si eres docente: en tu próxima presentación de alguien nuevo, evita preguntar frente a todo el salón dónde vive o de dónde viene. Si un estudiante te cuenta que lo acosan, regístralo en el libro de incidencias y en SíseVe ese mismo día: un reporte que se queda “a medio camino” es lo que denuncia la profesora del Liceo Naval.
- Si tienes un hijo o hija que cambió de colegio este año: pregúntale esta semana con quién se sienta en el recreo, no solo cómo le fue en las notas. El cansancio, el sueño en clase o las ganas de no ir pueden ser señales de acoso, como en el caso de Arequipa.
- Si diriges un colegio o eres parte de la APAFA (Asociación de Padres de Familia): pide ver cuántos casos se registraron este año en el libro de incidencias y en SíseVe, y qué se hizo con cada uno. Si no hay ninguno registrado, pregunta por qué: con 730 reportes en Arequipa hasta agosto, un colegio sin casos registrados probablemente no está mirando.
Los personajes de esta historia son ficticios; cualquier parecido con personas reales es pura coincidencia.
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