Cada uno tiene sus tiempos: el año que perdí por un certificado retenido
Perdí un año por un certificado retenido hasta que mi tía usó sus contactos. Quien no tiene esa tía, se queda afuera.

La historia
Yo también fui un estudiante fuera de tiempo. Recién hace poco entendí que ese retraso no fue solo mala suerte de mi familia: buena parte estaba escrita en cómo funciona el sistema.
Entré a primaria a los seis años, uno después que mis amigos, porque en aquel colegio bastaba con cumplir seis hasta julio y mi cumpleaños caía mucho después. Era un buen colegio privado. Después mi papá se quedó sin trabajo y dejó de poder pagar la pensión. A los que teníamos deuda nos hacían pararnos en una zona del patio, sin hacer nada, a aburrirnos delante de todos. Cambiamos dos veces de colegio particular, según el bolsillo alcanzara o no.
Luego no le renovaron el contrato y volvió a pasar. Yo estaba en segundo de secundaria, justo cuando lo que enseñaban empezaba a ponerse interesante. Esta vez el método fue no dejarnos rendir exámenes y, algunas veces, no dejarnos entrar a clases. Al final no pudimos pagar y nos retiramos, pero el colegio no nos quiso entregar el certificado de estudios. Sin ese papel no había traslado posible: ningún otro colegio podía matricularnos.
Perdí un año. Lo aproveché sin saber que lo estaba aprovechando: conocí a mis mejores amigos en los scouts, aprendí a programar editando un juego que traía el código a la vista y aprendí inglés con los acordes y las letras de una revista de canciones. Mi tía consiguió, por contactos en el ministerio, que nos entregaran el certificado que ya nos correspondía: un derecho que existía en el papel y que hubo que ir a arrancar.
Volví al sistema en un colegio nacional lejos de casa, en un distrito que mis amigos de colegio particular describían con miedo. El miedo era de ellos y me lo habían prestado. Después me cambiaron a otro colegio nacional, este sí de mi barrio, y ahí me la pasé fenomenal. Vi compañeros que venían de un albergue y para quienes el colegio era la parte buena del día, cuadernos usados hasta la última hoja, pelotas desinfladas que igual servían. Aprendí que la realidad de otros no es una amenaza: es información.
Al terminar el colegio tenía que seguir estudiando para conservar la pensión de orfandad, un ingreso pequeño que en mi casa contaba. Entré a un instituto a estudiar computación y en el segundo año gané una beca con lo que había aprendido solo, el año que estuve fuera del sistema. No lo terminé: mi tía me convenció de que la universidad era posible. Me preparé para la Universidad Nacional de Ingeniería mientras trabajaba en la dulcería de un cine, postulé tres veces y no ingresé. A los veintiuno, varios amigos de mi edad ya terminaban su carrera y yo todavía no la empezaba.
Entré a una universidad privada con el apoyo de mi padrino. El primer semestre conseguí media beca; después tuve que trabajar y bajar la carga de cursos, semestre tras semestre, hasta egresar casi a los veintisiete. Una consultora de software me contrató porque hablaba inglés —el de las canciones—, y de ahí salieron Estados Unidos, Brasil, Ecuador y Alemania, donde vi cuánto pesaba tener un posgrado. Volví a la universidad seis años después de salir de sus aulas, hice la tesis y me titulé a los treinta y siete. El máster recién llegó pasados los cuarenta, en España, y lo hice con la experiencia de haber liderado equipos: no me habría servido igual a los veinticinco.
Mi trayectoria fue larga y lenta, con hitos que llegaron tarde y llegaron completos. Como decimos acá, cada persona tiene sus tiempos. Escribo esto porque tres decisiones que vienen de años atrás —un dictamen que el Congreso no vota, una fiscalización de Indecopi y el cierre de una convocatoria de Beca 18— siguen discutiendo, sin nombrarlo así, exactamente eso.
Noticias principales
- El Congreso mantiene sin votar un dictamen que impediría negar la matrícula por edad o atraso escolar. La propuesta —del diputado Ángel Meneses, de Ahora Nación, actualizada el 27 de agosto de 2026— prohíbe que un colegio, público o privado, niegue o condicione la matrícula solo por la edad del estudiante, e incorpora a la Ley General de Educación mecanismos para la niñez en “extraedad” (tener más años que los previstos para el grado). Tiene dictamen favorable de la Comisión de Educación —el 9465—, pero el pleno no lo vota. Lo reportan Diario Correo y Altavoz, notas de política que describen la iniciativa sin evaluar si funcionaría. Quien empuja el voto es Manthoc, una organización de niñas, niños y adolescentes trabajadores: es parte interesada, no observador neutral, y su cifra de un millón de niños fuera del sistema es de 2023.
- Indecopi sancionó a 637 colegios privados y este año supervisa a otros 500. La fiscalización, hecha entre enero de 2024 y noviembre de 2025, encontró cobros indebidos, mecanismos coercitivos para exigir el pago —impedir evaluaciones, exhibir listas de deudores— y omisión de beneficios obligatorios como las becas por orfandad. Lo reportan Canal N y Gestión a partir de cifras de la propia entidad, que informa así sobre su propio desempeño: ninguna de las dos dice cuántas sanciones quedaron firmes. El mismo Indecopi recuerda dónde está la línea hoy: la libreta de notas no se retiene por deuda; el certificado de los grados impagos sí, si el colegio avisó 30 días antes de la matrícula.
- Beca 18 cerró su convocatoria 2026 con 1,235 seleccionados y 2,862 postulantes sin vacante. El 24 de agosto, Pronabec publicó los resultados del cuarto y último momento; otros 861 postulantes fueron declarados no elegibles (Resolución Jefatural N.° 2543-2026-Minedu-VMGI-Pronabec-Dibec). Lo reportan Andina, agencia estatal, y La República: ambas cubren el trámite —dónde ver la lista, cómo aceptar— y ninguna se pregunta qué pasó con los 2,862 que quedaron fuera.
Conectando los puntos
Ninguna de las tres noticias es de esta semana, y esa es la señal: la fiscalización de Indecopi cubre 2024 y 2025, el dictamen sobre extraedad lleva meses esperando su voto y Beca 18 cerró en agosto. Son procesos largos que siguen decidiendo, hoy, quién estudia y quién no. Vistas juntas, describen tres puertas del mismo pasillo. La de Indecopi es la de salida: cuando una familia deja de pagar, el colegio tiene maneras —algunas legales, otras no— de convertir una deuda en una interrupción escolar, y la retención del certificado es la que deja marca, porque impide matricularse en cualquier otro lado. La del Congreso es la de regreso: si te caíste del calendario, la ley todavía no garantiza que puedas volver con la edad que tengas. Y Beca 18 es la de arriba: existe, funciona y es angosta; por cada seleccionado en ese último momento, más de dos se quedaron sin vacante.
Mi año perdido pasó por esas tres puertas en ese orden. Lo que en mi relato suena a suerte —una tía con contactos, un padrino, una beca— es exactamente lo que un sistema no debería exigir: la diferencia entre una trayectoria lenta y una interrumpida no la puso mi voluntad, la pusieron los adultos que fueron a conseguir el papel que me correspondía. Quien no tiene esa tía se queda afuera, y a los dos años ya es un caso de “extraedad” que ningún colegio quiere matricular.
Lo que estas noticias todavía no responden. Cuántos estudiantes al año quedan sin traslado por un certificado retenido no es un dato que se publique. Tampoco sabemos si el dictamen 9465 se votará este período, ni cuántas de las 637 sanciones quedaron firmes o cambiaron la conducta de esos colegios, ni qué hicieron los 2,862 postulantes que no alcanzaron vacante en Beca 18: si estudiaron igual, si volverán a postular o si dejaron de estudiar. Las cifras de esta edición son las que publican esas fuentes; no las verificamos por nuestra cuenta.
Acción final
- Si tienes una deuda de pensiones en un colegio privado: revisa hoy qué te pueden retener y qué no. La libreta de notas, nunca; el certificado de los grados impagos, sí, y solo si el colegio te informó esa condición por escrito al menos 30 días antes de la matrícula. Si te impidieron rendir una evaluación o publicaron tu nombre en una lista de deudores, guarda la comunicación y denúncialo ante Indecopi.
- Si diriges un colegio o trabajas en una UGEL: toma la lista de estudiantes que dejaron de asistir el año pasado y averigua cuántos se fueron por un motivo administrativo —deuda, traslado sin certificado, matrícula negada por edad— y no por mudanza. Llama esta semana a una de esas familias.
- Si eres docente y tienes en el aula a alguien mayor que sus compañeros: no lo trates como un caso perdido. Averigua con tu dirección qué alternativas de matrícula existen para su edad y déjalas por escrito para la siguiente familia que llegue igual.
- Si postulaste a Beca 18 y no alcanzaste vacante: anota cuándo abre la próxima convocatoria y qué otras becas de Pronabec siguen abiertas. Mientras tanto, matricúlate en algo que sí puedas sostener este semestre: el orden de los pasos importa menos de lo que parece.
Los personajes de esta historia son ficticios; cualquier parecido con personas reales es pura coincidencia.
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