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Mistorias

Las estrellas de calamina que un profesor de Arequipa quiere devolver a su sitio

Por Paolo Carrasco

Tiempo de lectura: 5 minutos

Ramiro le cuenta a su primo cómo sus anécdotas sobre la situación de su colegio en Arequipa están conectadas con el paro de profesores.

Ilustración de un aula con techo de calamina donde un profesor de espaldas mira una lámina de planetas, mientras un niño se agacha a tocar los puntos de luz que entran por el techo y caen sobre el piso
Mistorias (ilustración generada con Midjourney)CC BY-NC 4.0

A Gonzalo, mi mejor amigo, que me mostró la magia de Bryce Echenique a través de Amigdalitis de Tarzán, y a quien quiero hacer honor con este texto.

La historia

Me llamo Gonzalo y vivo en Zaragoza desde hace casi 20 años, la mitad de mi vida, la otra mitad en Arequipa, cerca de la casa de mi primo Ramiro, a quien le guardo un afecto profundo. Por ello nos escribimos cada cierto tiempo. Él es profesor en un colegio público; yo, el primo que lee sus mensajes con el primer café de la mañana.

Este domingo he recibido un mensaje suyo por WhatsApp. Lo leí dos veces y le pedí permiso para compartirlo tal como me llegó:

Gonzalo, primo querido, compañero de infancia y de aquellas gripes compartidas en casa de la tía Charo:

Es casi la una de la mañana aquí en Arequipa. Es la hora en que uno se pone sincero o se pone a llorar, y como yo ya lloré bastante con el partido del Melgar, te escribo. No te mando audio porque mis audios duran once minutos, y tú, que ya hablas con la zeta y todo, me has confesado que los escuchas a velocidad doble. No quiero que me oigas con voz de ardilla decirte lo que te voy a decir.

Mis colegas del SUTEP han convocado un paro para el 29 de octubre. Y yo, que siempre he sido más de quejarme en la sala de profesores con un cafecito que de salir a la calle con pancarta, voy a ir. Voy a ir, primo. No por la pancarta (la está pintando el profesor Mamani, que es de Arte y por lo tanto la va a hacer preciosa pero ilegible), sino por Maricielo.

Tú no conoces a Maricielo. Tiene once años, unas trenzas que su mamá le hace con precisión de ingeniera y la costumbre de levantarse a tajar el lápiz justo cuando explico lo más importante. Un martes de marzo, con esa lluvia que aquí ya no es lluvia sino una especie de reclamo, se levantó a tajar el lápiz. Y en ese preciso instante (te lo juro por la memoria de la abuela, que en paz descanse y que siempre desconfió de los techos ajenos) se desprendió del techo un pedazo de yeso del tamaño de un diccionario, y no de bolsillo. Cayó sobre su carpeta. Sobre su carpeta, primo, donde ella había estado sentada cuatro segundos antes.

Maricielo regresó con su lápiz finísimo, miró el escombro, me miró a mí y preguntó: «Profe, ¿eso cuenta como que falté?». El salón entero se rio, y yo también me reí, porque uno es profesor pero también es cobarde, y reírse es la forma más rápida de que los niños no vean que a uno le tiemblan las rodillas.

Desde entonces cuento la anécdota en todas las reuniones y siempre es un éxito. Mi cuñado la pide como quien pide un vals. Yo la cuento, la gente se ríe, y pienso que es la única anécdota de mi vida que devolvería, como se devuelve un regalo feo: con ticket y sin dar explicaciones. Hubiera preferido mil veces no tenerla. Hubiera preferido que lo más memorable de aquel martes fuera que Maricielo tajó tanto el lápiz que se le acabó. Por eso voy al paro, ¿ves? No es que me guste perder un día de clase (es lo que menos me gusta en el mundo, después del arroz recalentado y de los funcionarios que visitan colegios solo cuando no llueve). Es que no quiero coleccionar más anécdotas de esas.

Y aquí entras tú, con las noticias que me mandaste de allá. Me contaste lo de Francia, esos chicos que bloquean sus liceos porque tienen clases de treinta y cinco y profesores ausentes que nadie reemplaza. Yo, que tengo cuarenta y dos alumnos y un reemplazo que se llama «yo mismo», sentí una mezcla de solidaridad y envidia que no sabría explicarte. Luego me enteré de lo de Chile: estudiantes y profesores marchando juntos contra los recortes. Juntos, primo, como si fueran del mismo equipo, que es lo que siempre debieron ser. No sé. Será la hora, pero me dio por pensar que la educación está, por fin, haciendo ruido en el mundo. Que ya no es solo un problema de Ramiro y su techo. Y eso me deja una esperanza chiquita, de esas que uno no le cuenta a nadie para que no se la malogren. Te la cuento a ti porque estás lejos y no me la puedes malograr.

Te dejo otra anécdota para que empieces bien el día, que allá ya estarás con tu café.

La semana pasada tocaba el sistema solar. Llevé una lámina de los planetas tan antigua que todavía tiene a Plutón. Era mediodía, sol de Arequipa, que no es sol sino lupa, y por los huequitos de los clavos de la calamina entraban unos rayos finitos que dejaban puntos de luz sobre el piso. Josué, que es el que menos atiende y el que más mira, levantó la mano y, apuntando al piso, dijo: «Profe, ¿para qué la lámina? Nosotros ya tenemos estrellas».

Todos miraron el suelo. Yo también. Y era bonito, primo, bonito como solo pueden serlo las cosas que no deberían estar ahí. Le dije que tenía razón, que nuestro salón era el único planetario de Arequipa con entrada libre. Se rieron, y yo me reí otra vez, cobarde como siempre. Pero en la noche, ya en la casa, pensé que lo que de verdad quiero es que algún día Josué tenga que salir al patio, de noche, a ver las estrellas solo donde corresponde: arriba, lejos, del otro lado de un techo que no gotee. Y que la próxima vez que levante la mano sea para preguntar por Júpiter y no por la calamina.

Eso, primo. Que las estrellas vuelvan a su sitio. Por eso el 29 me verás en la calle, detrás de la pancarta ilegible del profesor Mamani.

Un abrazo grande, de los de antes,

Ramiro

PD: En unas horas voy a votar. En un colegio, claro. Ya te contaré si ese tiene techo.

Noticias principales

  • El SUTEP convocó un paro nacional de 24 horas para el jueves 29 de octubre y pide que el 6% del PBI se destine a educación. El SUTEP (Sindicato Unitario de Trabajadores en la Educación del Perú) lo anunció a fines de septiembre, por boca de su secretario general, Lucio Castro. Según La República e Infobae, el gremio quiere que ese 6% del PBI (el valor de todo lo que produce el país en un año) se use en infraestructura, alimentación y salud de los estudiantes, capacitación y condiciones de trabajo docente, y que el Congreso lo tome en cuenta al discutir el presupuesto de 2027. También reclama que se cumplan los acuerdos de la negociación colectiva y advierte con una huelga indefinida si no hay respuesta. Las dos notas reproducen sobre todo la versión del sindicato, que es parte del conflicto; no recogen la respuesta del Gobierno ni cuánto costaría cumplir cada pedido.
  • En la región Arequipa, tres de cada diez locales escolares necesitan demolerse y reconstruirse por riesgo alto o muy alto de colapso. El dato viene de un informe del IPE (Instituto Peruano de Economía, un centro de estudios privado), que difundió Diario El Pueblo, diario arequipeño: además, el 28.2% de los 1,441 locales evaluados no tiene al menos un servicio básico. Según Diario Correo, el 76% de los locales que requieren reposición total está fuera de las zonas urbanas, y en las provincias de La Unión, Castilla y Condesuyos al menos nueve de cada diez lo necesitan. Las notas no detallan con qué método se evaluaron los locales ni de qué año son los datos de base.
  • En Francia, cientos de liceos fueron bloqueados por sus propios estudiantes, que reclaman por aulas llenas, edificios deteriorados y profesores que nadie reemplaza. El movimiento empezó alrededor del 21 de septiembre en un liceo de Créteil, en las afueras de París, y el 29 de septiembre el Ministerio de Educación francés contaba hasta 416 establecimientos con bloqueos o intentos de bloqueo, según RTBF, la radiotelevisión pública belga. Franceinfo contrastó esos reclamos con las cifras disponibles: las organizaciones de estudiantes calculan que entre 7.5% y 10% de las horas de clase se pierden porque no se reemplaza a los docentes ausentes, una semana al año. Esa estimación es de los propios gremios estudiantiles, no del ministerio.
  • En Chile, estudiantes, profesores y trabajadores marcharon juntos el 1 de octubre contra los recortes en educación. La convocaron la Confech (Confederación de Estudiantes de Chile), la CUT (Central Unitaria de Trabajadores) y el Colegio de Profesoras y Profesores, con la consigna «¡Ni un peso menos para educación!», según la nota de agencia que publicó Infobae y La Jornada, diario mexicano. La policía calculó 6,000 asistentes; la Confech, 20,000. Hubo enfrentamientos y 25 detenidos. En el proyecto de presupuesto para 2027, el rubro de educación baja levemente, de 17.4 a 17.3 billones de pesos chilenos. Que sea un recorte “leve” o grave depende de qué partidas bajan, y las notas no lo detallan.

Conectando los puntos

Ramiro cuenta dos anécdotas que hacen reír, y las dos son el mismo techo. La del yeso sobre la carpeta de Maricielo y la de las estrellas de Josué son lo que el informe del IPE resume en un número: tres de cada diez locales escolares de la región en riesgo alto o muy alto de colapso. El número dice cuántos; la carta dice cómo se ve desde adentro, a mediodía, con cuarenta y dos niños en el aula.

La risa es lo que une las dos anécdotas, y Ramiro la explica sin rodeos: se ríe para que los niños no vean que le tiemblan las rodillas. Funciona en el salón, pero tiene un costo afuera. Cuando una historia de riesgo se vuelve el chiste que el cuñado pide como un vals, deja de sonar a emergencia. El paro es, para Ramiro, la forma de que esa anécdota deje de ser graciosa. No es casualidad que el SUTEP ponga la infraestructura entre lo que debe cubrir ese 6% del PBI: el techo de Ramiro también se paga con presupuesto.

Francia y Chile le dan a Ramiro su esperanza chiquita, y con razón: en dos países muy distintos, quienes protestan son también los estudiantes, no solo los docentes, y reclaman lo mismo que él vive en su aula —aulas llenas, edificios deteriorados, falta de reemplazos, presupuesto—. Ninguna de esas protestas garantiza un resultado, pero muestran que el aula no es un problema privado de cada profesor con su techo.

La postdata cierra el círculo: hoy, en Arequipa y en todo el país, se vota en colegios. Las mismas aulas que se usan para elegir a los nuevos gobernadores y alcaldes son las que esas autoridades tendrán que arreglar o dejar como están. Por eso el voto de hoy y el paro del 29 hablan de lo mismo.

Acción final

  • Si votas hoy en un colegio: mira el aula donde votas: el techo, las paredes, las ventanas. Si ves fisuras o filtraciones, anótalo y cuéntaselo a la dirección del colegio o a la APAFA (Asociación de Padres de Familia) esta semana. Hoy entras como votante; esa aula es la de alguien de lunes a viernes.
  • Si eres docente y tu aula tiene un riesgo como el de Ramiro: pide por escrito a tu dirección que lo reporte a la UGEL (la oficina de gestión educativa de tu zona). Un reporte escrito deja constancia; una anécdota en la sala de profesores, no.
  • Si tienes un hijo o hija en edad escolar: pregunta en la APAFA si el local de su colegio fue evaluado y si figura entre los que necesitan reconstrucción.
  • Si te toca asumir como autoridad regional o municipal: pide la lista de locales escolares en riesgo de tu jurisdicción y empieza por los rurales, donde está el 76% de los que necesitan reposición total en la región.
  • Si alguien te cuenta una anécdota de techos que se caen: ríete si quieres, pero pregunta después si ya lo arreglaron.

Elige una y hazla esta semana.

Los personajes de esta historia son ficticios; cualquier parecido con personas reales es pura coincidencia.

Quién escribió esta historia

Paolo Carrasco

Escribe Mistorias desde Barcelona, con raíces arequipeñas y la convicción de que ningún país se desarrolla sin una educación pública que funcione.

Escrito con inteligencia artificialLa inteligencia artificial reunió las noticias y redactó. Quien firma definió el encargo, ajustó el texto, revisó las fuentes y decide publicarlo.

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